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EL CONOCIMIENTO COMO DESAFÍO POSIBLE. ALGUNAS REFLEXIONES

 

María del Carmen Gilio Medina* /

María Esther Ortega Zertuche**

RESUMEN

En este artículo se analiza la importancia que tiene el conocimiento en el contexto de la globalización, recuperando para ello la situación que este presenta en el caso de México considerando sus políticas de promoción y la necesidad de clarificar e impulsar una visión propia de la incorporación de la investigación en la formación y el quehacer cotidiano universitario.

SUMMARY

This paper discusses the importance of knowledge in the context of globalization, recovering it for the situation that presented in the case of Mexico considering its promotion policies and the need to clarify and promote a vision of mainstreaming research training and the daily university work.

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Presentación

Los importantes cambios que se han venido operando en el mundo, plantean a la sociedad la responsabilidad de pensar la forma en que estos nos afectan o determinan.

Es innegable que la humanidad está transitando por innumerables procesos, como la competitividad de los mercados, la terciarización  de la economía, o el rompimiento de barreras en la comunicación, que implican una transformación económica y cultural de grandes dimensiones. Citar estos fenómenos y reconocer que existen, es un lugar común. No por serlo, nos debe dejar en la inmovilidad de realizar análisis serios de lo que éstos fenómenos afectan al desarrollo de nuestras instituciones, su inserción social y la responsabilidad que tenemos en la conducción y orientación del trabajo cotidiano.

Una de las cuestiones medulares en este contexto, es el papel del conocimiento, su  colocación en el centro del modo de producción  emergente y su aprendizaje. Si bien se reconoce que el conocimiento se está convirtiendo en un ingrediente central para el desarrollo de las sociedades poco se ha reflexionado sobre su producción, transferencia y uso. ¿Dónde se produce el conocimiento? ¿Con qué fines? ¿A quién esta destinado? ¿Qué papel están jugando las instituciones productoras de conocimientos? ¿Cuáles son los apoyos y políticas públicas referentes a la producción del conocimiento?

En ese artículo hacemos un recorrido por la situación de la promoción de esta sociedad del conocimiento en México, sus políticas; pero sobre todo la vinculación del conocimiento con la formación y por consecuencia con una mayor y mejor visión de lo que se tiene y se puede desarrollar en un país como el nuestro, para beneficio propio y de la amplia comunidad mundial donde a menudo somos mejor valorados y aprovechados. 

Globalización e investigación en México

Actualmente señala Oman (1996), el mundo, desesperado murmura fórmulas mágicas acerca del mercado como remedio. El punto importante es si se mantendrá o no la creencia general en la probabilidad del desarrollo económico como resultado de una política estatal determinada.

La gran movilidad y despliegue de cooperación multinacional se encuentra ligada a los proyectos de desarrollo Estado-Nación-Gobierno, que aquella toma la forma del rostro del país en que se asienta. Esto presenta dos tendencias, una en relación con el proceso de trabajo y su internacionalización; y otra relacionada con la articulación: proceso de trabajo-investigación, o uso del capital intelectual como inversión y no gasto, por tanto la  internacionalización del conocimiento.

En este contexto el papel de la educación superior y la investigación  queda asociado al desarrollo económico y por lo tanto a los países “avanzados”. La innovación, calidad y excelencia manufacturera se constituyen las llaves de la competitividad, junto con el comercio de la tecnología, es decir, ponerla en el mercado.

Para Molina (1993) la incorporación del conocimiento como bien de inversión, no solo pone en riesgo la autonomía de los países, la cual tiene a diluirse y con ello la propia sobrevivencia del mundo como tal está en peligro.

El modelo de acumulación capitalista y su globalización, sólo han agudizado aún más las diferencias entre los que tienen y los que no, la dependencia abarca ahora ámbitos nuevos que están demandando fuertes cambios en la forma que nos relacionamos de manera individual y como país.

El reto que tenemos en México, es mirar antes que nada las oportunidades que la internacionalización, globalización e intercambio mundial nos presentan y no tan sólo sus riesgos, que son innegables;  y sobre los cuales, encontramos bastante producción escrita. La gran oportunidad se presenta en la posibilidad de analizar, no si estamos o debiéramos estar dentro de estos sistemas, sino sobre las condiciones en que lo estamos haciendo, posibilidad que pudiera transformar estos riesgos en oportunidades, definiendo rumbos a seguir y planteando la posibilidad de un actuar de manera oportuna.

No obstante que en nuestro país la universidad se ha caracterizado por su fuerte vocación a la docencia, esta sigue ocupando un papel importante en la producción de conocimientos y en la formación de investigadores en la mayoría de las áreas. La vinculación entre la universidad y la sociedad tiene dos ejes principales íntimamente vinculados entre sí; la relación con el Estado y la relación con el sector productivo. Históricamente ha estado caracterizada por un fuerte grado de conflicto o separación con ambas instancias de la sociedad.

Hoy más que  nunca, la educación se vuelve referente obligado del grado de bienestar de una sociedad, es indudable que la educación promueve las capacidades científicas y tecnológicas necesarias para ampliar los deseados alcances de desarrollo y movilidad en la competitividad internacional, como posibilidades que avizoran un futuro mejor. Sin embargo se hace necesario que de la misma manera, a partir de la educación se de la formación del ser, de su historia y del porvenir e identidad nacionales, así el desarrollo puede ser un  futuro viable y posible en una nación.

Los conocimientos que se producen en las instituciones educativas, pernean las formas y modos con lo que las sociedades interpretan, vinculan y responden a la realidad social donde se insertan; esto conlleva grandes desafíos a los actores responsables de hacer posible la generación y usos del conocimiento. Quien produce el conocimiento, tendrá el gran reto de generar conocimientos que tiendan a beneficiar a todos los sectores que integran la sociedad, que se encuentra estructurada de manera desigual y en constante proceso de transformación. De igual modo es un gran reto para quien se encuentra al frente de los organismos de gobierno otorgar el financiamiento necesario para impulsar la producción científico-tecnológica y la formación de cuadros profesionales capacitados con posibilidades para desarrollar trabajo científico.

Los esfuerzos  deberán estar enfocados a unificar el discurso con las acciones, ya que en los últimos años las políticas gubernamentales han llevado a cabo recortes del PIB destinados al gasto social, que se han traducido en servicios educativos de baja calidad, concentración de la matrícula, bajos salarios del personal académico, proliferación de instituciones educativas privadas en las que no se desarrolla investigación, así como estancamiento de la generación y difusión de investigación básica y desarrollo tecnológico.

Si bien se han desarrollado discursos orientados a establecer esfuerzos por construir políticas hacia la ciencia y la tecnología, pudiéramos establecer la falta de políticas públicas que den continuidad a los esfuerzos de los centros productores de conocimiento y a las universidades públicas que están llevando a cabo de manera sistemática este tipo de actividades.

Las políticas tendrán que orientar el desarrollo científico-tecnológico de manera homogénea, ya que la comunidad científica es muy pequeña, comparada con el número de habitantes que tiene el país y con las necesidades de nuevos conocimientos.

Las estrategias para lograr lo anteriormente establecimiento tendrán que ser claras y sobre todo participativas tendientes a mostrar las formas de integración al desarrollo regional y nacional.

Coincidimos con Urquidi, cuando plantea que “una política de ciencia y tecnología debe encausarse a satisfacer las necesidades de la sociedad, a percibir las demandas del conocimiento,  de cambio e innovación tecnológica y de solución de aquellos problemas para los cuales puede desplegarse esfuerzos científicos y tecnológicos intensivos (…) en un país de bajo ingreso no es difícil identificar las áreas donde la inversión y el desarrollo podrían tener efectos positivos y sostenidos para mejorar la salud, rebajar  el costo de la vivienda, aumentar los rendimientos del sector educativo, reducir los rezagos ambientales o mejorar el abastecimiento de agua y el bienestar rural”.

En México desde finales de los ochenta se han hecho esfuerzos encaminados a desarrollar y promover esta actividad desde el impulso a la formación de investigadores a través de becas para estudios de postgrado al establecimiento de una estructura orientada a vincular e impulsar en un sentido estas políticas.

Resultado de estas  primeras iniciativas  se reflejan en mayor o menor medida en la creación de Centros Nacionales de investigación que integran el sistema SEP-CONACYT, los Colegios Estatales de Investigación,  los Institutos  descentralizados de la UNAM y el IPN; así como en los Consejos y sistemas Regionales de investigación CONACYT, así como en una comunidad científica que a pesar de las dificultades estructurales para esta tarea,  sigue conformándose.

Conocimiento, formación e impacto

De acuerdo a lo anterior lo que se demanda en el contexto de la globalización es  que el conocimiento generado a partir de la actividad científica debe tener un uso social inmediato y convertirse en un bien público; visión muy apartada de la tradición y el contexto mexicano.

Es necesario destacar, que las mayores oportunidades en la actualidad, radican en las formas en que las instituciones, empresas, organizaciones y sectores social se organizan a interactúan a fin de generar y aplicar nuevo conocimiento, haciendo uso del conocimiento externo que se esta generando en el mundo de manera nunca antes vista.

Las potencialidades que provee el trabajo colectivo, multidisciplinario e interinstitucional, trasformaran en oportunidades el intercambio de saberes, productos y la posibilidad del uso social del conocimiento.

Bajo esta perspectiva la “inteligencia colectiva” es necesaria para aplicar transformar y hacer avanzar el conocimiento en un campo dado, depende la  capacidad que tengan los actores a él asociados para interactuar, para plantear preguntas y aportar repuestas, generando nuevos esquemas de organización con colaboración y evidentemente, nuevos desarrollo científicos.

Por lo que concluirá manifestando, que el recurso más importante con que cuentan las sociedades para posicionarse en el mundo globalizado son sus individuos, capaces de entender, asimilar, aprovechar y generar nuevos conocimientos, en ellos se cifran las esperanzas de posicionarse n el mundo generando formas de insertarse con éxito en nuevos esquemas de organización y colaboración.

La formación de estos seres humanos es función y actividad de toda institución y sistema educativo, con compromiso social y de futuro.

El debate actual sobre el problema de acceso al conocimiento es perfilado por Tedesco (2000) en al menos tres nuevos factores a tener en cuenta:

  1. La necesidad de brindar una base que posibilite y perfile una educación a lo largo de la vida, es decir más allá de la escolarización y obtención de grados. Es  garantizar formas de aprendizaje que permitan la reconversión profesional continua. Es así que algunas propuestas sugieren que ningún titulo universitario tenga una legitimidad temporal permanente.

 

  1. La democratización del acceso a los niveles más complejos del conocimiento debe ir mas allá de cómo se establece ahora como acceso a la educación superior, este deberá estar presente en una educación general, universal y obligatoria.

 

  1. Es necesario encarar los desafíos de las tecnologías de la información a las instituciones y a los métodos de enseñanza, resulta evidente que en el corto tiempo las nuevas tecnologías permitirán poner a los mejores especialistas de cada disciplina en contacto con cualquier número de estudiantes independientemente del lugar físico en que se encuentren. Esto también modifica el sentido de la formación inicial de las personas lo que lleva a considerar como objetivo básico de la educación de esta época: aprender a aprender.

Por último señala este autor además de estos conocimientos y actitudes multidisciplinaria, la formación en cualquier área requerirá al menos un fuerte conocimiento de la informática y, el manejo de una o dos lenguas extranjeras y el manejo de la dimensión internacional de los problemas.

Ante este panorama se impone revertir una visión de la investigación desvinculada del quehacer docente y en general de la vida social de nuestro país, como esa forma innata de aprender a aprender que hemos perdido o que no hemos valorado lo suficiente. Los profesores, maestros son esencialmente investigadores pues el que gusta de enseñar quiere seguir aprendiendo y por lo tanto investiga qué sigue, cómo mejorar esa tarea infinita de educar. Y no hacer de la investigación una actividad que “llega” eventualmente con los estudios de doctorado,  es necesario hacer puentes en el sistema de tal forma que la investigación se convierta en esa actitud que modifica y transforma a los sujetos de la educación en actores participativos y activos en su proceso de formación, pasar de las disciplinas como contenidos centrales a la discusión y vinculación de los mismos con el desarrollo y cambio de los mismos educandos y educadores. 

Identificarse con la idea y el gusto que implica el enseñar junto con la necesidad de aprender y de este querer aprender que nos lleva a investigar como un proceso innato y natural de crecimiento y evolución en ese ejercicio cotidiano de independencia y autosuficiencia, en donde el cambio y las dificultades son estimulantes para los diversos aprendizajes.

         Así investigación y formación constituyen la educación de hoy que pese a la globalización o junto con ella requiere apostarle a la constitución de un ser humano integro en su individualidad y sensible al compromiso social.

Referencias bibliográfica

HERRERA,  Márquez (1998), “La formación profesional en México: entre la realidad y la posibilidad” en: Didriksson A. (coordinador) Escenarios de la Educación Superior al 2005. CESU-UNAM.

MOLINA, Iván (1993), “Investigación y desarrollo para la innovación y la productividad”, en el libro: México: perspectivas de una economía abierta. Colegio de México. Vol. 2, México.

OMAN, Charles (1996), Les Dèfis Politiques de la Globalisation et de la Regionalisation. Cahiser de Politique Economique No. 11. OCDE. Paris. Francia

TUDESCO Juan Carlos (2000), Educar en la sociedad del conocimiento. Fondo de Cultura Económica. México.

URQUIDI L. Victor  (1996) México en la Globalización. Fondo de Cultura Económica. México.

* María del Carmen Gilio Medina

Licenciatura en Pedagogía. Universidad Veracruzana (1982). Maestría en Investigación y Docencia Educativa. UAQ. (1988) Actualmente Estudiante del Doctorado en Psicología y Educación de la misma universidad. Profesor–Investigador nivel VII, Perfil PROMEP. Profesor de las materias de didáctica, currículo y evaluación. Asesora externa, Dictaminadora e Investigadora en el Consejo Mexicano de Investigación Educativa y de la Red de investigadores sobre la profesión académica y  evaluación de la docencia. mcgilio@yahoo.com.mx

** María Esther Ortega Zertuche

Licenciada en Ciencias de la Educación. Especialidad en Planeación y Administración Educativa. U. A. de Tamaulipas. 1977, Maestría en Ciencias de la Educación. UAQ, 1992, Estudios de Doctorado en Ciencias Sociales. En el Área de Desarrollo Educativo. U. A. Metropolitana-Xochimilco 2000. Profesor-Investigador nivel VIII del Programa de Estímulos Académicos UAQ y Perfil PROMEP-SEP. Profesor de las materias de Investigación: Licenciatura en Psicología Educativa y Maestría en Ciencias de la Educación. esther_zertuche2002@yahoo.com.mx
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